* Este año se celebra el centenario del natalicio del escritor estadounidense

 

* Su primera novela la escribió a los 49 años

 

* Su obra te lleva a pensar que a veces la realidad es más extraña que la ficción

 

Por Alejandro Trejo Martínez

Un domingo de marzo de 1994, mis padres, mis hermanos y yo tomábamos leche con un pedazo de pastel, mientras en la radio transmitían La Hora Nacional. Era el cumpleaños de mi papá, quien por alguna extraña razón tenía la costumbre de escuchar ese programa, y ese día no fue la excepción.

Esa noche viene a mi mente, porque mientras degustábamos el pastel, escuchamos la noticia de que, en la semana, había fallecido el estadounidense de origen alemán, Henry Charles Bukowski, a quien describieron como un escritor sucio, misógino y alcohólico. Alguien que había publicado su primera novela a los 49 años.

La manera en la que lo definieron me causó mucha curiosidad, quería saber cómo era ese escritor, quería entender por qué lo catalogaban de tal forma. Anoté el nombre Charles Bucosqui para preguntar por él en la biblioteca.

En esa época cursaba el último año de la secundaria. Estaba en la plena pubertad, delineada por un despertar político debido al levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN); la cubetada de agua fría a la realidad social que significó el asesinato de Luis Donaldo Colosio, entonces candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido en el poder durante siete décadas consecutivas; una rebeldía marcada por el grunge y la muerte de Kurt Cobain.

Pero no sólo esto selló, de manera explícita e implícita, mi destino respecto a mi formación social, política y musical. También mi gusto literario inició una ruta de transformación de lecturas escolares y literarias como Pedro Páramo, María, Los 12 cuentos peregrinos, La Ilíada y La Odisea, hacia la crudeza, la realidad diaria, el sexo y el regocijo plasmados en las páginas de un libro.

Fue entonces que, por una casualidad radiofónica, conocí a un novelista que se convertiría en uno de mis favoritos hasta hoy en día. La hilaridad que provoca, la facilidad y sencillez de plasmar la realidad, su realidad, en el papel, es una de las peculiaridades que me hizo un asiduo lector de su obra.

Entonces, con la palabra Bucosqui en la mente, acudí a la pequeña biblioteca de la secundaría, pero no había ningún libro del fenecido autor. Pregunté a la profesora de literatura y su respuesta fue que no leía a “escritores vulgares”. Mi búsqueda concluyó ahí, pero no mi interés.

Meses después volví sobre mi indagación literaria acerca del escritor borracho. Había ingresado a la preparatoria, acudí a la biblioteca escolar y, por fortuna, me encontré con un ejemplar de Cartero, la primera novela del estadounidense, y en la que Henry Chinaski aparece como alter ego del autor.

Esta obra es en gran parte autobiográfica, como casi todas ellas, y narra los días que Bukowski trabajó en la oficina postal como cartero.

Sin duda un libro que hizo aficionarme a Charles, porque presenta historias con astucia, presunción, su afición a los caballos, al vodka con Seven Up, a la cerveza, aparecen la “misoginia” y su búsqueda de sexo pensándose un seductor. Todo con una crudeza y simplicidad, que es admirable, al menos para mí, en la manera soez de escribir sobre el descaro de la sucia realidad.

Ese año, también quedó marcado porque se publicó Pulp, la última novela de Buk, una obra que, a diferencia de todas las demás, no está narrada por Henry Chinaski, aunque hace una aparición dentro del escrito, cuyo contenido está delineado de manera significativa por su nombre, pues pulp es un término que hace referencia a las publicaciones de consumo popular y temas de ficción.

Con tintes de novela negra, al personaje principal, Nick Belane, el “mejor detective de L.A.”, le sonríe la fortuna cuando lo contratan para una serie de casos donde todos los involucrados se encuentran ligados de manera directa o indirecta.

Su trabajo inicia con averiguar si la persona que se pasea por las librerías locales, inspeccionando y buscando primeras ediciones de Faulkner, es Céline, el escritor francés muerto en 1961 en Meudon, Francia. La encomienda fue hecha por la señora Muerte, quién busca con recelo, saber si Céline escapó de sus brazos.

Dedicada en su primera página a la mala escritura, Pulp, una aventura de aventuras a lo largo de la ciudad de Los Ángeles, es un desfile de personajes que hacen reminiscencia a varios autores admirados por Buk.

Así, mediante referencias desfilan Tomas Mann, Dante, Fante y su pregúntale al Polvo, Hemingway, Céline, el mismo Bukowski, disfrazado del cartero Chinaski, entre otros, que hacen del escrito, una serie de convergencias sobrenaturales que te instan a pensar que la realidad, muchas veces, es más extraña que la ficción.

En la antesala del centenario de su nacimiento, Charles Bukowski y su obra son vistos como símbolo de una decadencia por la falta de ambición y compromiso de su personaje con el mundo, pero al mismo tiempo, se vuelve una influencia para bastantes escritores encausados en el llamado realismo sucio.

Puedes conseguir un ejemplar de Pulp, de manera física, en cualquier librería de renombre; si lo buscas en formato electrónico, también se encuentra en las plataformas de estas tiendas o en Amazon.

 

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