En
el firmamento la bruja Julisa se desliza en su escoba; mientras el diablo
Lamberto y el vampiro Conde Satán Carroña custodian la entrada al callejón, en
el que se encuentran “lugares emblemáticos” como el hotel “El Catre”, la
peluquería “El Rizo de Oro”, así como  la
pulquería “El Maguey” y que son escenario de las vivencias de tan reconocida
familia: “Los Burrón”.


Ahí
está doña Borola Tacuche, con su inseparable estola de conejo, y su esposo don
Regino Burrón, también Macuca y Regino hijo, alías “El Tejocote”. Más adelante,
lo único que separa la figura redonda de Cristeta Tacuche, vestida de azul, de
su secretaria Boba Licona son algunas piezas de pan de muerto regados por el
pasillo.


Al
otro lado de la calle, Ruperto Tacuche parece perseguido por un motopatrullero
en medio de flores de cempazúchitl y veladoras; mientras la pequeña Alubia
Salpicón toca su “inmenso tololoche” acompañada de “Fidelito, que toca el
violín”. Por allá, Bella Bellota y su hijo Rupertino, por acá la carroza que
habrá de llevar a Doña Gamucita en su último viaje. Con todos ellos, “calaverizados”,
inició el recinto la celebración/homenaje a los antepasados, “a los que se nos
adelantaron”.

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Creadas
por el Colectivo Los Olvidados, la primera serie de estas figuras, se realizó
en 2008, cuando el grupo fue invitado a participar en la mega ofrenda montada
en el Zócalo con un altar dedicado al artista hidalguense.


Cuatro
años después la empresa J. García López. Casas Funerarias solicitó a los
artesanos realizar una segunda serie, que requirió al menos dos meses de
trabajo; una “ofrenda que ya es tradicional”, porque se ha montado en
diferentes lugares, como el Panteón de Dolores, aunque ésta es la primera vez
que se exhibe en el mencionado museo, explicó en entrevista con
Entertainment
SG
Julio Tobón, coordinador del colectivo.


La
“ofrenda se realiza en honor a don Gabriel Vargas -creador de la popular
familia-, porque tenemos la exposición” Gabriel Vargas. Homenaje 1915-2015 en
sala, dijo la jefa de Colecciones del MNCP, Amparo Rincón Pérez.


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De
“carácter ritual o ceremonial”, la ofrenda es la bienvenida de los mexicanos a
“los que se nos adelantaron en el camino”, abundó, y en ella se ofrecen los
alimentos que en vida disfrutaba la persona a la que está dirigida, sus objetos
personales, así como otros elementos simbólicos como agua, sal, cirios, copal,
flores, petate, y más útiles para la festividad de Día de Muertos, que data de
la época prehispánica y que fue declarada por la Unesco como Obra Maestro del
Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.


Para
mostrar las diversas características que tienen los altares en otras regiones
del país, el museo también exhibe otros siete provenientes de diferentes estados.
Uno de ellos es de Celaya, Guanajuato, cuyo trabajo principal es la cartonería
y está dedicado a los danzantes, por lo que también muestra estas figuras en
tercera dimensión.


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El
más grande es de Huequechula, Puebla, y proviene de una comunidad mestiza. 
Se
trata de una estructura de tres niveles, “muy alta, adornada con cortinas”; la
primera base está dedicada “a todos los muertos del año, los recientes, por eso
se llama ‘Ofrenda Nueva” y tiene figuras de “ángeles llorones, porque todavía
está reciente el duelo”, explicó Rincón Pérez.


El
segundo nivel es para aquellos difuntos de años atrás, que “ya son viejos” y en
el último “están todos los muertos que ya están en ‘Gloria de Dios’”. En ella
se encuentran “artesanías particulares
del estado, como los incensarios que se hacen exclusivamente para estas fechas;
las velas y un espejo como elemento simbólico, pues no puede verse directo la fotografía
de la persona fallecida”, sólo su reflejo.


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Asimismo,
muestran una ofrenda de Santa María Tavehua, Oaxaca, en la que resalta el arco
y el tapete para dar la bienvenida a los muertos, elaborado con cañas, además
de que los manjares principales son mole, tlayudas y pescado seco. Otra es de
la Huasteca Veracruzana, que se distingue por el “zacahuil, o el tamal grandote
que se elabora con hoja de plátano”, explicó Amparo Rincón.


Además
se muestra otras de Angahuan, Michoacán; de la zona de la Chontalpa, Tabasco; y
Mixquic, de la delegación Tláhuac, Distrito Federal, en la que se coloca el farolito de papel, dijo la
representante del museo, “especial para el Día de Muertos utilizado para
transportar velas, el rosario de tejocotes, y el pan de muerto denominado ‘goyete’”. Todas las ofrendas ya están abiertas al público y permanecerán hasta el 6 de noviembre.


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El
recinto también ha preparado diversas actividades como conciertos, teatro,
muestra gastronómica, espectáculos como Xibal-Ba y una expo venta artesanal relacionada
con la festividad de Día de Muertos, las cuales se realizarán del 30 de octubre hasta el 2 de noviembre. Para conocer la programación ve a
http://museoculturaspopulares.gob.mx/, https://www.facebook.com/MuseoNacionaldeCulturasPopulares/timeline y @mncp_dgcp. El horario del museo es de 10 a 18 horas de martes a jueves, y de viernes a domingo de 10 a 20 horas y la entrada tiene un costo de 13 pesos. Los domingos la entrada es libre.


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