* Causó euforia con ‘Las Batallas’ y otras “viejitas, pero bonitas”

 

* El Cuarteto estuvo acompañado de una orquesta y hasta un organillero

 

* “¡Victoria para el planeta!”, clama Albarrán durante la velada

 

La Chilanga Banda rugió con el llamado de batalla: “¡Paparupapa eo eo! ¡Paparupapa eo eo!” Las 10 mil almas convidadas al festejo el pasado 2 de junio no escatimaron ni una gota de energía, transformada en cánticos, coros, baile y saltos, a una banda que no dio tregua y soltó, uno tras otro, clásicos de su repertorio, con los que, en un viaje exprés, amenizado con orquesta, las transportó a la década de los 90 y, como un relámpago, las regresó al siglo XXI. Así, con un periplo a veces musicalizado con orquesta, Café Tacvba volvió a hacer suya a la Ciudad de México.

María fue la primera en aparecer para la celebración por más de tres décadas que arrancó, a la luz de las velas -simuladas por lámparas dispersas a lo largo del escenario-; y el respetable le dio la bienvenida con gritos de euforia y la acompañó, con coros, en su lamento “es María quien pena en las calles y debajo de un farol…”; a quien Rubén Albarrán, Emmanuel del Real y Quique y Joselo Rangel no tardaron en sumar en su búsqueda de “una canción que sane el dolor…” y que los haga “viajar ligero como Diente de León…” Y la multitud respondió a la petición: “¡Oe, oe, oe, oe, Ca-feeeeeeeeé, Ca-feeeeeeeeé!”, “¡Oe, oe, oe, oe Ca-feeeeeeeeé, Ca-feeeeeeeeé!” Un cántico que ayuda, a la banda y a los fans a ahuyentar, a olvidar, aunque sea por un instante, la experiencia de la pandemia.

Café Tacvba

Café Tacvba tuvo músicos invitados para su cumpleaños número 33, entre ellos, a ‘Los Bonces Band’, una banda oaxaqueña de metales. Foto cortesía Ocesa / César Vicuña

 

Entonces, las palmas marcaron el ritmo de una aventura alucinante; una travesía exprés a la última década del siglo XX, que tuvo como punto de partida el Trópico de Cáncer, en la que el vocalista dio la bienvenida a sus fanáticos: “Muchachas, muchachos, ¡Qué alegría esta noche compartir la música con todos ustedes! Deseamos que la pasen chingón, que disfruten, que canten, que bailen, que se liberen, que se aligeren y que regresen muy contentos a su casita. Es un goce para nosotros compartir esta noche también. Gracias por traernos al Auditorio Nacional”.

La siguiente estación fue El Metro –“¡Que chingón! Una rolita del pasado. Hace un buen rato que no la tocábamos en vivo. Ahí va otra del pasado. Bonitas, pero vieji… ¡no! Viejitas pero bonitas”, dijo el cantante-. La odisea en el tiempo incluyó El Ciclón y una parada en el Bar Tacvba, que sirvió para recobrar el aliento -después de tantos coros- y aspirar y disfrutar del olor de Las Flores -el público, que para el cuarteto de Satélite representa “unas flores bellísimas, de muchos colores y muchos perfumes muy exquisitos”-, que elevó la adrenalina al infinito (“¡Qué bonito cantan, muchachos! Ahora sí ya se prendieron, ¡qué bonito! Así mandamos un racimo gigantesco al universo, que sea un bálsamo para nuestro corazón”, dijo Albarrán) para dar una entusiasta recepción a La Chica Banda, que remeció al Coloso de Reforma.

 

Entonces, llegó el turno de La Muerte Chiquita, acompañada de Los Bronces Band, una banda oaxaqueña de metales, arreglos que hicieron vibrar a la audiencia; que sin oponer resistencia se sumergió embelesada en la Olita de Altamar, la cual en su vaivén inundó a todo el inmueble, y desembarcó a la multitud frente al umbral del Futuro, solo para que se percatara “que el futuro es hoy”: el siglo XXI.

Sin embargo, en cuestión de segundos y con ayuda de una orquesta y El Aparato, el respetable fue teletransportado, de nueva cuenta a finales del siglo pasado, cuyo recorrido siguió -entre instrumentos de cuerdas- a bordo de La Locomotora, desde donde las emociones se desbordaron por Las Batallasen las que la voz del público casi opacó a la del vocalista-, pero también por Rarotonga, a la que, con un coro multitudinario, le declaró su fervor “en la selva de concreto”- y que animó al frontman a brincar sobre el escenario, aunque después hizo una broma sobre una dolencia en la cintura por “la Rarotonga”-. Entonces, llegó el momento de la verdad: “no me hubieras dejado Esa Noche, porque esa misma noche encontré un amor”; pero un organillero apareció en escena para dar vida y color a Mediodía, cuando se dejaron ver El Outsider y La Chilanga Banda, que unió a los “pachucos, cholos y chundos, chinchinflas y malafachas, acá los chómpiras rifan y bailan tibiritábara, y bailan tibiritábara…” y que al unísono acompañaron a Rubén -que no paró de saltar en el entarimado “carcaaaaacha y se les retaaaaaaaacha”. Y cuando la euforia lo permitió, una voz allende las gradas soltó “¡Que chulada amigos!”

Café Tacvba

Rubén Albarrán derrochó energía sobre el escenario. Foto cortesía Ocesa / César Vicuña

 

Una brevísima pausa para recobrar el aliento y Volver a Comenzar, que fue una de las piezas más coreadas de la noche y en la que el recinto de Reforma volvió a trepidar, porque, pese a lo reducido del espacio para bailar/brincar entre las butacas, el respetable encontró la forma de disfrutar el show al máximo. “¡Oe, oe, oe, oe, Ca-feeeeeeeeé, Ca-feeeeeeeeé!”, “¡Oe, oe, oe, oe Ca-feeeeeeeeé, Ca-feeeeeeeeé!, soltó la audiencia, mientras una cascada de aplausos recorría el foro desde lo más alto. “¡Qué emoción!”, contestó el vocalista y enseguida el cuarteto lanzó El Puñal y El Corazón -en la que hicieron su baile- y la respuesta fue una ovación que les dibujó una sonrisa antes de abandonar el entarimado.

Enseguida, el llamado recorrió todos los rincones del Auditorio Nacional -“¡Paparupapa eo eo! ¡Paparupapa eo eo!”- para hacer volver a Joselo y Quique Rangel, Meme y Rubén, que de inmediato atrajeron una oleada de cariño, pues en medio de El Espacio, desde las gradas los gritos de “¡Te amo, Meme!” fueron constantes; la dedicatoria a “nuestra madrecita tierra. ¡Victoria para el planeta!” con Volcán y De este Lado del Camino; seguida de una declaración de Amores Perros: Aviéntame -en la que Meme y Joselo se quedaron solos en el escenario-; y una confesión con Eres – que detonó un rugido de entusiasmo y un coro multitudinario- y Quiero Ver; sólo para abrir pista con El Baile y El Salón, que culminó con la salida de la banda del proscenio en medio de las peticiones de “¡Otra!, ¡Otra!, “¡Otra!” “¡No importa que me cierren el Metro!”, sentenció un fan; mientras la multitud clamó por la presencia de los tacvbos.

La plegaria surtió efecto y las notas de Ojalá que llueva Café -en cuya interpretación participó el dúo huasteco- anunciaron el fin de una velada que, a ritmo de huapango, elevó el entusiasmo más allá de la sala de conciertos e hicieron llevadera la salida -de la primera de cuatro fechas que los de Satélite ofrecieron bajo el nombre Un Segundo Concierto Acústico, cuando la multitud se sumergió en el frenesí para llegar al metro, al metrobús o al estacionamiento para regresar a casa.

Café Tacvba

La banda hizo rugir al Auditorio Nacional en la primera de las cuatro fechas que ofreció en el coloso de Reforma. Foto cortesía Ocesa / César Vicuña

 

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