* El descenso de la temperatura y el viento frío no menguaron el ánimo de los fans

 

* Puso a cantar y bailar a miles incluso con fragmentos de piezas que no son de su autoría

 

“Cántanos una canción, eres el pianista, cántanos una pieza esta noche, pues tenemos ganas de una melodía y tú nos haces sentir bien” gritó/cantó la multitud, unida en una sola voz, a Billy Joel, mientras cientos de celulares iluminaban las gradas y la pista, desafiando a las del escenario. Las últimas notas de Piano Man se escuchaban desde el entarimado y fue entonces que el público, con su coro, demostró su fervor por la propuesta del estadounidense, quien se despidió de los escenarios mexicanos el pasado viernes con un show llenó de éxitos.

Sentado siempre al piano, Joel interpretó Big Shot y Pressure -que junto con un saludo en español -“Buenos noches, México. Perdón por mi español. Lo estudié en la escuela por dos años, pero no lo aprendí bien”, dijo- le ayudaron a romper el hielo con sus más de 54 mil seguidores, que acudieron a la cita al Foro Sol, en donde el artista -sexto lugar dentro de la lista de los más vendidos de todos los tiempos y tercero en la de solistas más vendidos- no sólo se llevó las palmas, sino que arrancó una que otra carcajada.

“Bienvenidos a nuestro show. Regresemos a 1975 con esta canción que es sobre el negocio de la música y se llama The Enterteiner“, agregó en inglés. Al concluir el tema, el viento frío provocó que el también músico y compositor se pusiera un gorro y una bufanda, antes de proseguir con Honesty –“una canción de 1978, del álbum 52nd Street”-.

“¿Están bien?”, preguntó, y ante la ovación, exclamó: “¡Todos están bien!”, mientras se ponía unos guantes azules, pues ni el movimiento al piano le calentaba las manos ante el descenso de la temperatura en la Ciudad de México. Las risas y expresiones de cariño no faltaron para resaltar el gesto -“¡Ya sé, ya se!”, respondió-, pero tampoco las bromas: “es por el coronavirus”, soltó alguien en las gradas.

Foto cortesía Ocesa / Chino Lemus

 

Entonces, las palmas marcaron el ritmo, mientras el Premio Centenario ASCAP (otorgado una vez en un siglo y que se entrega a los íconos de la música estadounidense en reconocimiento de sus logros incomparables en sus respectivos géneros musicales) realizaba el conteo al piano –“1, 2, 3,4”- para arrancar con Don’t Ask Me Why.

El artista respondía con amabilidad al entusiasmo de sus fanáticos y los hacía interactuar con breves guiños a otros temas que no son de su autoría, tal fue el caso en The Stranger, cuyo intro fue con el tema Tequila. Después, sometió a votación las piezas Just The Way You AreVienna –“las dos del álbum The Stranger, de 1977”-, pero fue tan cerrada la ovación para ambas, que decidió: “tendremos que hacer las dos”.

Les siguieron Zanzíbar –“del álbum 52 Street”- en la que la trompeta sonó fuerte y claro-, Say Goodbye To Hollywood -que tuvo el intro de The Magnificent Seven, de Elmer Bernstein-, New York State Of Mind -donde las imágenes de los edificios más emblemáticos de esa ciudad fueron proyectados en las pantallas, una de ellas colocada sobre el escenario-, Allentown –en la que se proyectó la bandera de Estados Unidos- y I Go To Extremes.

Sobre el escenario, en donde no había más que los instrumentos necesarios para la velada, el juego de luces seguía el ritmo de la música -folk, rock o instrumental- de la autoría del multipremiado William Martin ‘BillyJoel, quien ha sido distinguido con The Kennedy Center Honors (2013), seis GRAMMY®, incluido el Grammy Legend, un TONY por Movin ‘Out, un musical de Broadway basado en su música, y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood en Los Ángeles, entre otros.

Foto cortesía Ocesa / Chino Lemus

 

Así llegaron más éxitos: She’s Always a Woman -durante el que se proyectaron rostros de mujeres que acudieron al show y que fue ovacionada-, seguida de My Life -cuyo intro fue con el tema YMCA, de Village People, que de inmediato puso a cantar al público de gradas, mientras que el público de las primeras filas, en medio de las sillas, intentaba hacer la coreografía-, Sometimes A Fantasy, Only The Good Die Young, seguida de River Of Dreams -que tuvo un intro de Love Is Like a Heat Wave, de Martha And The Vandellas Song, y un intermedio con el Jarabe Tapatío-, Nessun Dormma -un aria de la Ópera Turandot, del compositor italiano Giacomo Puccini-  interpretada por Michael DelGuidice, guitarrista y vocalista de la banda de Joel, y Scenes From An Italian Restaurant.

Entonces, llegó Piano Man, una de las piezas más esperadas por la audiencia -y seleccionada en 2016 por la Biblioteca del Congreso de EU para su preservación en el Registro Nacional de Grabación por su importancia cultural, histórica y artística-, que hizo incorporarse a más de uno de su asiento y dejar de grabar por momentos para seguir con su luz el ritmo de la música.

It’s nine o’clock on a Saturday

The regular crowd shuffles in

There’s an old man sitting next to me

Makin’ love to his tonic and gin…

Y tras la primera parte, en la que el público acompañó a Joel en el canto, de repente este calló y se concentró en el piano, mientras que los miles le correspondieron la entrega con un coro fuerte y claro:

Sing us a song you’re the piano man

Sing us a song tonight

Well we’re all in the mood for a Melody

And you got us feeling alright

Tras un breve receso, Billy Joel regresó a interpretar We Didn’t Start The Fire, Uptwon Girl, Is Still Rock& Roll To Me, pero fue con You May Be Right -interpretada también por Michael DelGuidice y que incluyó un fragmento de Rock and Roll de Led Zeppelin- con la que cerró la noche uno de los más famosos intérpretes de la música contemporánea, quien también ha actuado juntos otros grandes en dos de los conciertos benéficos extraordinarios realizados en el Madison Square Garden: 12-12-12, The Concert For Sandy Relief, que recaudó fondos para los afectados por el huracán Sandy y The Concert for New York City, que se realizó para ayudar a las víctimas y héroes del 11 de septiembre.

Entonces, arropado por una ovación, Billy Joel se despidió, de manera definitiva, de los escenarios mexicanos.

Foto cortesía Ocesa / Chino Lemus

 

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