* De la huida y aislamiento de unos, al coraje de otros

 

Por Alejandro Trejo Martínez

“La plaga se propagaba a mi alrededor y las listas iban aumentando hasta casi setecientos por semana”, indica en sus primeras páginas el Diario del año de la peste, cuyo contenido concuerda asombrosamente con la realidad que vive el mundo en la actualidad.

Hace unos días, diversos medios de comunicación internacionales publicaron notas sobre los números que reporta México acerca de los casos registrados por Covid-19. En particular The New York Times destacó que la autoridad mexicana “no está reportando cientos, quizá miles, de muertes por coronavirus” y que “los médicos en los saturados hospitales de la ciudad, indican que la realidad de la epidemia está siendo ocultada”.

Esto, sin duda, suena escalofriante. Si un medio de la reputación de The New York Times lo publica, podría creerse de la seriedad de lo investigado por sus fuentes.

Abundantes noticias, verdaderas, falsas, especulativas, cualitativas, cuantitativas o como se quieran calificar, son sintomáticas de lo que percibe la sociedad mexicana en todos sus estratos sociales y políticos, en donde lo realmente certero es que existe una epidemia-pandemia que impacta a millones en el planeta.

Si los datos del diario neoyorkino son verdaderos o no, corresponde al gobierno mexicano precisarlo, lo que me desconcierta es que no sólo somos víctimas de las consecuencias provocadas por el SARS-CoV-2, sino de toda la información y sus matices que nos bombardea día a día.

Desde el primer caso confirmado en México a finales de febrero y el inicio del confinamiento a mediados de marzo, con los más de 62 mil 527 casos confirmados y las seis mil 989 defunciones registradas al 22 de mayo, el día a día de los mexicanos ha tenido que adecuarse o seguir acorde a las circunstancias.

 

Esas eventualidades, marcadas por la historia y que siempre generan un nuevo orden de las sociedades, han quedado de manifiesto en obras que toman una relevancia en contextos como el que vivimos en la actualidad.

En la entrega anterior de este espacio, hablamos de La Peste (bubónica), en la que Albert Camus destacó que “lo peor de la peste no es que mata cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso”.

Dicha obra literaria me llevó a la reflexión de lo que sufrieron los ciudadanos de los sitios que la padecieron, cómo cambió la humanidad a raíz de ese padecimiento, y despertó el interés por conocer ese día a día, desde los primeros brotes hasta la culminación de la epidemia.

Es así que, en el Diario del año de la peste, de Daniel Defoe, podemos conocer lo que ocurrió en Londres durante los años de 1664 y 1666, cuando la epidemia de la peste asoló a la capital inglesa, pues nos relata la sordidez, la valentía y la estoicidad de una realidad cotidiana: la impresión diaria de mujeres, hombres, niños que se enfrentaban al terror del padecimiento de la muerte negra, de respirarla y esperarla.

Con cifras sobre la gente que fallecía en las comunidades de manera semanal -donde “la potestad de encerrar a la gente en sus propias casas fue concedida por ley del Parlamento intitulada Una Ley para la benéfica ayuda y Disposición de las Personas infectadas por la Peste”- y con incertidumbre sobre los que caerían, el relato del también autor de Robinson Crusoe nos detalla de manera puntual y cronológica ese sufrimiento: acciones de los criados sacrificados a cuidar a sus amos enfermos, de los padres que abandonan a sus hijos “apestados”, dueños que renuncian e incendian sus casas, ricos huyendo al campo, escapatoria que contribuía a la expansión del mal.

La contraparte de los que se aislaban eran los menos agraciados. “Debe admitirse que, si bien la peste reinaba principalmente en los pobres; eran ellos, sin embargo, los más valientes y menos temerosos de ella, y cumplían con sus obligaciones, poseídos de una especia de brutal coraje”.

Hacían lo posible por sobrevivir como individuo y como sociedad. Tomaban todas las precauciones y medidas necesarias para ello. La huida y el aislamiento eran las constantes, y aunque “podía haberse creído que la ciudad entera estaba huyendo por las puertas de la villa, y que nadie quedaría rezagado, podeís estar seguros de que a partir de este instante todo el comercio, salvo el de artículos de primera necesidad, quedó totalmente paralizado”.

Conforme se va avanzado, página tras página, la sorpresa de dichas coincidencias con la actualidad atrapa al lector e incentiva a hacer analogías, paralelismos y equivalencias que no tienen exclusividad de tiempo.

Daniel Defoe realiza un excelente trabajo de “investigación” y descripción de lugares y situaciones, que extraordinariamente no vivió. Cuando la peste azotó Londres, el escritor contaba con escasos 5 años. La obra, que al parecer está basada en escritos de los diarios de su tío Henry Foe, fue escrito poco antes de su publicación en 1772.

Esto hace aún más interesante el libro, donde, al igual que la nota de The New York Times, toca al lector reconocer la verdad y la similitud con la realidad.

 

* Este libro puedes conseguirlo en librerías Gandhi, en su formato electrónico; así como en Amazon, en versión digital y físico.

 

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