Por Alejandro Trejo Martínez

Muchos conocemos Blade Runner, una cinta de 1992 dirigida por Ridley Scott y considerada ya de culto, en la que una sociedad ficticia e indeseable, una anti-utopía, presenta a los Replicantes, esos robots que se emplean como trabajadores, esclavos en exploración y conquista de otros planetas y quienes ejecutan encargos peligrosos. Sin embargo, tras su rebelión son expulsados.

Empero, los Blade Runners son los encargados de identificar, rastrear y matar a todos esos replicantes fugitivos y exiliados en el planeta tierra. Su misión es simple: retirarlos.

En esa cinta, se manifiestan las ideas que el novelista de Chicago Philip K. Dick planteó en su novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, como la ambigüedad de la justificación -¿Es justo eliminar a los robots, a los humanoides, sólo por el hecho de serlo? ¿Hay una diferencia de valor para la vida artificial y natural?-.

Aunque esta es una obra emblemática del escritor estadounidense, y la menciono para que a quien pueda interesarle se anime a leer el libro y/o ver la película, me gustaría hacer énfasis en otra de las obras de este escritor que, en lo personal, es aún más interesante que la de los cazadores de robots: El hombre en el Castillo.

¿Qué sería diferente si el boque histórico que nos dirige fuera otro? ¿Quiénes serían los dueños del mundo si la guerra la hubieran ganado los nazis y Hitler viviera?, estas preguntan surgen en esa obra publicada en 1962. Una historia que transcurre en Estados Unidos 15 años después de que las Fuerzas del Eje (Alemania, Japón y acordados) derrotaron a los Aliados (Reino Unido, Francia, Unión Soviética, Polonia, EU) en la Segunda Guerra Mundial.

Esta historia, alternativa a nuestra realidad, responde a unas de esas preguntas. Estados Unidos se convirtió en un territorio dividido en 3 partes: la costa este, la del Atlántico, está ocupada por las fuerzas alemanas; la costa oeste, la del Pacífico, está bajo la dirección de las fuerzas japonesas; y en el medio, una franja de estados autónomos.

Los protagonistas de la historia son diversas personas que en 1962 viven en la parte de Estados Unidos controlada por una Alemania nazi y el imperio japonés después de que estas ganaran la guerra.

Sin duda, esta novela te mantiene página tras página descubriendo realidades fácticas partiendo de la premisa de que los alemanes ganaron la segunda guerra mundial.

Joe y Juliana están dispuestos a encontrar al autor de la Langosta se ha posado, libro que plantea, de manera paradójica para nosotros como lectores, la ucronía (reconstrucción de una historia sobre datos hipotéticos) de la realidad en el contexto de la novela: ¿Qué hubiera pasado si los Aliados hubiesen ganado la guerra y no los nazis?

Cada uno tiene sus razones para encontrar a Howthorne Abendsen, el autor del libro prohibido, quien vive alejado de la sociedad para evitar ser asesinado por aquellos que forman parte del Eje y lo califican como un incitador contra el régimen establecido.

“Y luego entraron los norteamericanos en la guerra. Después de vencer a los japoneses. Y terminada la guerra, los ingleses y los norteamericanos se dividen el mundo. Exactamente como lo hicieron en la realidad los japoneses y los alemanes”.  (El hombre en el castillo, p. 89).

 

Contextualizada en San Francisco, al igual que ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, El hombre en el castillo también presenta la historia de Robert Childan, quien es dueño de una tienda de antigüedades y le da valor a objetos de “culto” y de la cultura pop, “artesanías americanas como relojes de Mickey Mouse, póster de cintas, un biombo de época, original, de madera, en cuatro secciones que muestra a Horance Greeley, un gramófono de 1920 transformado en mueble para bebidas”  y armas de origen estadounidense como un “revolver Colt de los días de la conquista del Oeste”.

Podría tornarse una lectura difícil por los saltos entre historias, pero, sin duda, te mantendrá al filo de las páginas hasta que develes cuál es el desenlace del hombre que vive en un castillo.

El Hombre en el Castillo

Portada de “El Hombre en el Castillo”

 

Para completar la lectura y disfrutarla visualmente, puedes acudir a la adaptación, producida por el director de Blade Runner, Ridley Scott, bajo los sellos de Scott Free Productions y Amazon Studios, que se basa de manera somera en la historia en la novela de Philip K Dick.

Acontece en el año de la publicación de la novela, 1962, y de igual forma exhibe el mundo distópico en el que las potencias del Eje ganaron la Segunda Guerra Mundial y donde Estados Unidos ha sido dividido en tres partes: los Estados del Pacífico en la costa oeste, el Gran Reich en la costa este, y la zona neutral en las Montañas Rocosas.

Los personajes de la serie, al contrario de los de la novela -en la que el eje conductor de las convergencias es el libro La langosta se ha posado-, se entrelazan después de que se enteran, encuentran y ven diversas filmaciones contenidas en cintas que muestran una historia muy diferente a la que viven.

Estrenada en 2015, está integrada por cuatro temporadas que al igual que la novela, puede mantener al espectador a la expectativa de la realidad alternativa.

Novelista de ciencia ficción, Philip K. Dick proyectó temas políticos, sociológicos, teológicos y hasta metafísicos, con un reflejo basado en sus experiencias con las drogas. Creador de 36 novelas y más de 120 relatos cortos, Dick no vivía de sus escritos, pero su influencia fue muy notable. El nulo reconocimiento que tuvo en vida, dio un viraje tras su muerte -ocurrida en 1982-, al llegar la adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, bajo el nombre de Blade Runner a la pantalla grande. Posteriormente, alcanzó la fama tras la premiación de El hombre en el castillo y fue incluido en el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción en 2005.

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